Por Desiderio Fernández
Se ha dado a conocer la noticia que habría grandes probabilidades para que el gobierno compré y tome el control del paquete accionario de Aerolíneas Argentinas. Después de más 15 años en manos ajenas al estado, la aerolínea creada en lo años 50 volvería a formar parte del patrimonio público como ocurriera con AySA.
Siempre fui un defensor del periodo denominado “estado de bienestar”, donde el estado participaba activamente en la economía regulando actividades económicas o realizándolas él por cuestiones de estrategia, bienestar o escasez de la oferta privada. Pero... los tiempos que corren no son los 50, 60 y 70 en el mundo. Esos años están irremediablemente perdidos para siempre. No es bueno traer al presente experiencias anteriores pensando que hoy serán por lo menos razonables.
Hoy la economía tiene lecciones de sobra para condenar al librecambismo más acérrimo y al estatismo más recalcitrante. El mejor desempeño económico se obtiene mediante la mayor participación del sector privado que guiado por el beneficio y la mejor señal del mercado, el precio se produce y demanda lo que los consumidores y productores quieren. Pero siempre, bajo la tutela y vigilia del estado nacional para evitar abusos o “avivadas”. Es decir, la economía debe guiarse bajo un sistema económico llamado “mixto” con una fuerte participación privada y una participación estatal de regulación, información y control, proveyendo bienes públicos cuando la situación lo amerite.
La estatización futura de aerolíneas argentinas y la pasada con AYSA, la creación de ENARSA no significa que todo se retrotrae hasta antes de los decretos de Menem. Porque el mundo cambio y mucho. Es imposible volver al funcionamiento económico de los 50, 60 y 70; y lo que es más importante: esto no generará otro estado o economía del bienestar. El caso más patente es el de la educación Argentina. El estado la sigue administrando pero con un nivel lejano, años luz del excelente nivel que alcanzó hasta mediados de los años 70. No es posible volver a este tiempo histórico del país. Lo que se puede hacer es trabajar para construir dentro de una economía mixta, el mejor modelo económico para crecer por largos años y distribuir la riqueza. Pero creo que de el modo actual no e el mejor camino.
Un tema fundamental es el patrimonio de aerolíneas argentinas. ¿Cuál era el mayor valor o capital de AA? Sin lugar a dudas, las rutas aéreas, las cuales se perdieron en manos de otras compañías y ya no se pueden recuperar. Si ya no se tiene ese capital tan preciado para todo aerolínea administrar una compañía sólo en sus viajes y cuestiones burocráticas no tiene sentido. El sector privado guiado por el incentivo del lucro lo podría hacer mejor. Pero los capitalistas en realidad se están deshaciendo de una empresa que no les es rentable y con una abultada deuda. La explotaron lo mejor que pudieron hasta vaciarla, se quedaron con su mayor capital- las rutas aéreas- y ahora toda endeudada la devuelven. Mayor negocio imposible. Y todavía falta ver a cuanto la tasan. Solo resta el moño. Negocion.
No tengo nada en contra del personal de AA, me parece muy bien que luchen por sus derechos y por las fuentes laborales, pero no me parece justo que el estado se haga cargo de los sueldos que el sector privado no paga ni pagó. Como si un imprentero que anda con poco trabajo y acumula deudas le pida al estado que le de subsidios. Porque AA no es más ni menos que una empresa privada que produce en las mismas condiciones que el resto. Porque una de las características de la economía de mercado es la libre supervivencia de acuerdo a la eficiencia e eficacia en el manejo del negocio. Pero en la Argentina está muy desarrollado que cuando las cosas no salen bien por ineptitud se le toca la puerta al estado para que se haga cargo.
En nuestro país hay un fervor o sensibilidad por la vuelta de las empresas estatales. Todos las añoramos y hemos escuchado de nuestros mayores el afecto y el bien económico y social que hicieron en otro momento de la historia del país. Pero no pueden volver. Es como si nosotros con 30 o 40 años, nos juntáramos con la barra del campito del barrio y organizáramos los mismos partidos que hacíamos cuando teníamos 8 o 9 años. Todos, tenemos un gran recuerdo y afecto por esos años juveniles. Pero ya no pueden volver y si quisiéramos que vuelvan, ya no serían como en ese tiempo. Ídem para las empresas del estado.
El sector privado tiene que garantizar la mayoría de los bienes y servicios guiados por el ánimo de lucro. Y el estado debe ser el encargado de mirar sigilosamente si este beneficio es confiscatorio y en que nivel debe estar. El estado debe regular, legislar, controlar y vigilar al sector privado. Y solo en ciertos sectores (como salud y educación por ejemplo) debe proporcionar los denominados bienes públicos. La función del estado debe focalizarse a solucionar las denominadas fallas del mercado además de realizar las funciones básicas (seguridad exterior e interior, administración de justicia, administración comunal, etc).
A modo de conclusión, las empresas del estado están muy arraigadas en el corazón de toda una generación, no sólo argentina sino del mundo. Los años 50 (conocidos como los años plateados) y los años 60 (conocidos los años dorados del capitalismo) fueron el periodo de más igualdad y oportunidad para miles de jóvenes y adultos en el mundo. Cuando se vivió prácticamente en pleno empleo y con niveles de vida que se superaban generación a generación. Y es verdad también que la participación del estado fue preponderante en este nivel de vida medido en bienestar y aumento de PBI per. capita. Pero es verdad que hubo cambios radicales: el fracaso del sistema comunista desbalanceo el contrapeso que le hacia al capitalismo. Aunque a muchos no les guste, luego de la segunda guerra mundial la economía no tenía muchas respuestas a preguntas que hoy posee. Y el sistema soviético era considerado exitoso en términos de producción, no así de bienestar y libertades. El mundo capitalismo tenía mucho miedo que el comunismo se expanda hacia el resto de los continentes. En especial Asia y América latina. Ante este horror, el capitalismo dio ciertas libertades y permitió que en ciertas regiones del mundo hubiera cierto bienestar y calidad de vida. Lamentablemente, nuestra bonanza económica se debió a cuestiones externas más que a internas. Cuando el comunismo dio signos de agotamientos a fines de los 70 y 80, ahí el capitalismo apretó el acelerador para aumentar la tasa general de ganancia como hizo a partir de 1870. Los ciclos económicos tienen plena vigencia.
Debemos aprender las lecciones del pasado para no cometer horrores en el futuro y recordar que las “joyas de la abuela” eran solo de ellas y se fueron con su tiempo. Debemos vivir y actuar de acuerdo a nuestro tiempo y circunstancias.
Buenos Aires, 18 de julio de 2008
Se ha dado a conocer la noticia que habría grandes probabilidades para que el gobierno compré y tome el control del paquete accionario de Aerolíneas Argentinas. Después de más 15 años en manos ajenas al estado, la aerolínea creada en lo años 50 volvería a formar parte del patrimonio público como ocurriera con AySA.
Siempre fui un defensor del periodo denominado “estado de bienestar”, donde el estado participaba activamente en la economía regulando actividades económicas o realizándolas él por cuestiones de estrategia, bienestar o escasez de la oferta privada. Pero... los tiempos que corren no son los 50, 60 y 70 en el mundo. Esos años están irremediablemente perdidos para siempre. No es bueno traer al presente experiencias anteriores pensando que hoy serán por lo menos razonables.
Hoy la economía tiene lecciones de sobra para condenar al librecambismo más acérrimo y al estatismo más recalcitrante. El mejor desempeño económico se obtiene mediante la mayor participación del sector privado que guiado por el beneficio y la mejor señal del mercado, el precio se produce y demanda lo que los consumidores y productores quieren. Pero siempre, bajo la tutela y vigilia del estado nacional para evitar abusos o “avivadas”. Es decir, la economía debe guiarse bajo un sistema económico llamado “mixto” con una fuerte participación privada y una participación estatal de regulación, información y control, proveyendo bienes públicos cuando la situación lo amerite.
La estatización futura de aerolíneas argentinas y la pasada con AYSA, la creación de ENARSA no significa que todo se retrotrae hasta antes de los decretos de Menem. Porque el mundo cambio y mucho. Es imposible volver al funcionamiento económico de los 50, 60 y 70; y lo que es más importante: esto no generará otro estado o economía del bienestar. El caso más patente es el de la educación Argentina. El estado la sigue administrando pero con un nivel lejano, años luz del excelente nivel que alcanzó hasta mediados de los años 70. No es posible volver a este tiempo histórico del país. Lo que se puede hacer es trabajar para construir dentro de una economía mixta, el mejor modelo económico para crecer por largos años y distribuir la riqueza. Pero creo que de el modo actual no e el mejor camino.
Un tema fundamental es el patrimonio de aerolíneas argentinas. ¿Cuál era el mayor valor o capital de AA? Sin lugar a dudas, las rutas aéreas, las cuales se perdieron en manos de otras compañías y ya no se pueden recuperar. Si ya no se tiene ese capital tan preciado para todo aerolínea administrar una compañía sólo en sus viajes y cuestiones burocráticas no tiene sentido. El sector privado guiado por el incentivo del lucro lo podría hacer mejor. Pero los capitalistas en realidad se están deshaciendo de una empresa que no les es rentable y con una abultada deuda. La explotaron lo mejor que pudieron hasta vaciarla, se quedaron con su mayor capital- las rutas aéreas- y ahora toda endeudada la devuelven. Mayor negocio imposible. Y todavía falta ver a cuanto la tasan. Solo resta el moño. Negocion.
No tengo nada en contra del personal de AA, me parece muy bien que luchen por sus derechos y por las fuentes laborales, pero no me parece justo que el estado se haga cargo de los sueldos que el sector privado no paga ni pagó. Como si un imprentero que anda con poco trabajo y acumula deudas le pida al estado que le de subsidios. Porque AA no es más ni menos que una empresa privada que produce en las mismas condiciones que el resto. Porque una de las características de la economía de mercado es la libre supervivencia de acuerdo a la eficiencia e eficacia en el manejo del negocio. Pero en la Argentina está muy desarrollado que cuando las cosas no salen bien por ineptitud se le toca la puerta al estado para que se haga cargo.
En nuestro país hay un fervor o sensibilidad por la vuelta de las empresas estatales. Todos las añoramos y hemos escuchado de nuestros mayores el afecto y el bien económico y social que hicieron en otro momento de la historia del país. Pero no pueden volver. Es como si nosotros con 30 o 40 años, nos juntáramos con la barra del campito del barrio y organizáramos los mismos partidos que hacíamos cuando teníamos 8 o 9 años. Todos, tenemos un gran recuerdo y afecto por esos años juveniles. Pero ya no pueden volver y si quisiéramos que vuelvan, ya no serían como en ese tiempo. Ídem para las empresas del estado.
El sector privado tiene que garantizar la mayoría de los bienes y servicios guiados por el ánimo de lucro. Y el estado debe ser el encargado de mirar sigilosamente si este beneficio es confiscatorio y en que nivel debe estar. El estado debe regular, legislar, controlar y vigilar al sector privado. Y solo en ciertos sectores (como salud y educación por ejemplo) debe proporcionar los denominados bienes públicos. La función del estado debe focalizarse a solucionar las denominadas fallas del mercado además de realizar las funciones básicas (seguridad exterior e interior, administración de justicia, administración comunal, etc).
A modo de conclusión, las empresas del estado están muy arraigadas en el corazón de toda una generación, no sólo argentina sino del mundo. Los años 50 (conocidos como los años plateados) y los años 60 (conocidos los años dorados del capitalismo) fueron el periodo de más igualdad y oportunidad para miles de jóvenes y adultos en el mundo. Cuando se vivió prácticamente en pleno empleo y con niveles de vida que se superaban generación a generación. Y es verdad también que la participación del estado fue preponderante en este nivel de vida medido en bienestar y aumento de PBI per. capita. Pero es verdad que hubo cambios radicales: el fracaso del sistema comunista desbalanceo el contrapeso que le hacia al capitalismo. Aunque a muchos no les guste, luego de la segunda guerra mundial la economía no tenía muchas respuestas a preguntas que hoy posee. Y el sistema soviético era considerado exitoso en términos de producción, no así de bienestar y libertades. El mundo capitalismo tenía mucho miedo que el comunismo se expanda hacia el resto de los continentes. En especial Asia y América latina. Ante este horror, el capitalismo dio ciertas libertades y permitió que en ciertas regiones del mundo hubiera cierto bienestar y calidad de vida. Lamentablemente, nuestra bonanza económica se debió a cuestiones externas más que a internas. Cuando el comunismo dio signos de agotamientos a fines de los 70 y 80, ahí el capitalismo apretó el acelerador para aumentar la tasa general de ganancia como hizo a partir de 1870. Los ciclos económicos tienen plena vigencia.
Debemos aprender las lecciones del pasado para no cometer horrores en el futuro y recordar que las “joyas de la abuela” eran solo de ellas y se fueron con su tiempo. Debemos vivir y actuar de acuerdo a nuestro tiempo y circunstancias.
Buenos Aires, 18 de julio de 2008
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