viernes, 22 de agosto de 2008

Debate IV: Acumulación y distribución en la Argentina

Por Desiderio Fernández

Transcurridos 6 años de la salida del régimen de convertibilidad en nuestro país las tasas de crecimiento del producto, consumo, inversión, servicios públicos y otros indicadores industriales u económicos muestran niveles que hace mucho tiempo no sucedían. Nadie niega el fuerte crecimiento que hasta 2007 por lo menos experimento el país. Pero hay otro tema que ha quedado relegado y es la cuestión de la distribución. ¿Es lo mismo crecimiento que distribución? Evidentemente que no. Se puede crecer pero sin distribuir en forma equitativa el producto del crecimiento.
Para los no entendidos una medida muy común de desigualdad en economía es el denominado coeficiente de Gini. El mismo tiene un rango de 0 a 1. Cercano a cero nos muestra que la sociedad en cuestión es totalmente equitativa y justa. Una ratio de 1 nos dice que 1 sola persona se lleva toda la riqueza. En la Argentina este indicador económico-social es elaborado por el INDEC organismo bastante y me quedo corto desprestigiado a partir de la intervención en enero de 2007.
En la Argentina a pesar del fuerte crecimiento económico y los niveles record de recaudación tributaria y de recursos públicos, la desigualdad no cede. Es más, si se computara la real inflación el coeficiente de Gini superaría el 0,50. La última medición establecía un GINI de 0,495 y por algo el INDEC dejó de publicarlo. Durante décadas pasó lo mismo con la distribución del ingreso a partir del gobierno militar allá en los setenta. Y el objetivo era muy claro: no divulgar que la participación del asalariado en la riqueza nacional estaba llegando a nivel muy bajos. Es decir, había un involución o distribución regresiva del ingreso.
Luego de la mega crisis de fines de 2001 el país mejoró notablemente sus tasas de empleo y desempleo. Pero hay un dato a tener en cuenta que muchos olvidan. Hace unos años un economista de la London School of Economic de la Universidad de Londres de apellido Atkinson escribió un artículo donde comentaba que en los años 70 era pobre quien no tenía trabajo. La pobreza estaba asociada a la desocupación. Pero en los 90 cambió esta relación: se podía ser pobre sin estar desocupado. Esto es exactamente lo que está sucediendo en nuestro país. Las tasas de empleo y desempleo han ido mejorando notablemente no sólo en lo que respecto al incremento de personas que consiguió trabajo sino también en muchos desalentados e inactivos que se han podido re-incorporal al mercado laboral.
La Argentina no ha podido reducir la desigualdad a pesar del fuerte crecimiento económico de los últimos años. Se ha crecido pero está ausente o pendiente el tema de la distribución del ingreso. Los mecanismos de mercado o institucionales que debían haber actuado en consecuencia han fallado. Las causas son varias y complejas pero un tema fundamental es la falla de las instituciones laborales (ejemplo, los ministerios de trabajo, las organizaciones sindicales, las cámaras empresarias, las ONG, etc) en la implantación reglas claras donde todos los sectores ganen. La prueba más rotunda de esto es que más del 45% de los trabajadores continúa trabajando en la economía informal o no registrada. Son personas que el día de mañana no tendrán jubilación ni tienen actualmente cobertura médica o seguro ante accidentes. La vista gorda viene desde el estado quién conoce perfectamente el tema y hace oídos sordos; las organizaciones sindicales como la CGT quien dice defender los derechos de los trabajadores pero sólo es de la boca de sus dirigentes para afuera. El coeficiente de GINI también es otro elemento que viene ha ratificar lo expuesto anteriormente.
Por último, un factor que está incidiendo en la desigualdad y que estaba ausente en los 90 es la inflación. La misma licua el poder adquisitivo de la moneda y reduce el poder de compra de los salarios. En los años noventa ocurría que si bien la tasa de desempleo y sub.-ocupación eran altas, una persona con problemas de empleo tomaba una bordeadora y salía a cortar pasto por las calles. Recibía por ejemplo 10 pesos por su labor. Que eran 10 dólares dada la paridad pesos = dólar y como no tenía inflación y había competencia por los bienes importados la persona vivía. Mal pero sobrevivía. Actualmente hay una leve pero creciente tendencia que si bien esta persona hoy este ocupada la inflación y el atraso de los salarios está reduciendo su nivel de vida e incrementando lentamente el nivel de pobreza e indigencia. La inflación es una enfermedad económica silenciosa como los ACV: están agazapadas y latentes y en un momento estallan y dejan al paciente hemipléjico o con partes del cuerpo paralizado.
Nuestro país estaría entrando en una “trampa de desigualdad”. Donde a pesar del fuerte crecimiento, la falla de las instituciones laborales de la economía y el incremento de la inflación harían que en un contexto de crecimiento económico miles de argentinos ingresen otra vez lentamente a la categoría de pobres. Como bien comente en otro artículo, son las contradicciones propias que padece el país. Hay muchos sectores económicos que vienen acumulando riquezas desde 2002 y que no quieren repartir. Por encima de todos está el estado quien no toma el lugar que le corresponde en una economía que se considera de mixta. Un tema aparte son los subsidios que el estado gira a ciertos sectores como transporte, alimentos y servicios públicos para congelar precios y tarifas. En muchos casos son sumas de dinero en millones para amigos y amigotes de funcionarios de turno.
Concluyendo, si todos los argentinos no logramos comprender que sin distribución del excedente económico no puede haber país donde prospere la democracia y se pueda vivir sin miedo a las libertades individuales preparémonos para construir cárceles y penales penitenciarios en lugar de escuelas para albergar a los excluidos del sistema que tarde o temprano saldrán a las calles a buscar lo que se les niega. No sea cosa que en la Argentina se instale la re-distribución del ingreso...por medio de apropiarse de lo ajeno. Es decir: la delincuencia en masa.

Buenos Aires, 16 de julio de 2008

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