Por Desiderio Fernández
Desde los años 60 y 70 comenzó en el país una corriente de fuerte hostigamiento hacia el transporte ferroviario que tuvo su cenit a fines de los años 80 y principios de los 90 con la Ley de Reforma del Estado de 1989 que expresa entre otros temas, la privatización de los trenes, vías y estaciones.
A mediados de los años 80, el entonces Ministro de Obras Públicas de Alfonsin, Rodolfo Terragno había preparado proyectos de privatizaciones que incluía a los ferrocarriles pero en virtud de la posición de debilidad del entonces gobierno radical por los fracasos de los planes Austral y Primavera por un lado, y la rotunda victoria del peronismo en las legislativas de 1987, pospusieron unos años medidas que se harían efectivas con el gobierno de Menem.
El desmantelamiento del sistema ferroviario obedece a varios motivos. Primero, al ingreso de capitales en especial norteamericanos a mediados de los años 60 enfocados a la industria automotriz. Estas inversiones que multiplicaron las plantas productoras de automóviles fueron el germen del hostigamiento que sufrió el FFCC. También la creación de diversas autopistas que en los años 70 prosperaron en Buenos Aires durante el “Proceso de Reorganización Nacional” fueron otros impulsos de asentamiento del Transporte automotor en detrimento del ferroviario.
Luego con la llegada de la democracia política otra vez fue furibundo el desgaste y las críticas que fue recibiendo el transporte ferroviario. Se lo acusaba de ser ineficiente, de tener en pésimo estado el material rodante y las vías, de generar grandes déficit que el estado vía emisión monetaria debía cerrar lo cual generaba más inflación e incrementaba el déficit público consolidado.
De esta manera, se fueron dando las condiciones para que Menem con el respaldo de la mayoría del electorado nacional dispusiera la privatización de los ferrocarriles del estado. El objetivo era mejorar la competencia y dar un servicio mucho mejor al que podía dar el estado, dado que el sector privado iba a traer inversiones que mejorarían la infraestructura y la calidad del servicio. Cosa que no ocurrió porque se paso de un monopolio público a un oligopolio privado quienes no realizaron las inversiones prometidas pero si reciben mes a mes, los subsidios que todos los argentinos les entregamos por los impuestos que pagamos. Actualmente, el estado de la infraestructura y material rodantes está en su piso más bajo. Prácticamente no hay mantenimiento ni inversión de reposición.
Ahora bien ¿Qué paso en realidad? El desmantelamiento del sistema ferroviario fue a beneficio del aumento del transporte automotor. Acaso ninguno se preguntó alguna vez porque hay tanta cantidad de autos en la ciudad de Buenos Aires o en el conurbano. La explosión automotriz de los 90 y que continúa ahora dejó a la ciudad y GBA saturada de autos. No hubo una planificación organizada y todo se incremento en forma exponencial generando un descalabro en tiempo, infraestructura, costos y...vidas humanas.
Las noticias cotidianas de muertes en las rutas argentinas son producto de este fenómeno económico que fue dejarle al transporte automotor el tráfico que antes tenía el ferroviario. Y las consecuencias están a la vista. El sistema ferroviario tenía grandes ventajas en principio sobre el transporte automotor. Primero, en los viajes de carga era mucho más económico el transporte de mercaderías o ganado en pie en FFCC que en camiones. Ahora, las rutas están colapsadas por camioneros que tienen que hacer grandes distancias y quedan extenuados de esos viajes e incrementan el riegos de accidentes (en la mayoría de los accidentes en las rutas, casi todos se deben a causas humanas). El costo de transporte en FFCC era muy inferior al transporte actual vía micro o camiones. Otro factor importante era el referido al medio ambiente. Por lejos, el trasporte FFCC contaminaba mucho menos y afectaba en menor proporción la calidad de vida por medio de emisiones a la atmósfera de ciertos tipos de gases. Y por último, está la cuestión más importante: la pérdida de vidas humanas por el imprudente crecimiento del transporte automotor en las últimas décadas. No es casualidad que el aumento de accidentes fatales fue creciendo en forma inversa al desmantelamiento del sistema ferroviario. El crecimiento de autos y camiones sin planificar bien sus costos y rutas generó que se potencie la probabilidad de accidentes y muertes en las rutas y avenidas de todo el país.
Detrás de todo este sistema, es obvio que hay intereses económicos que presionaron e hicieron lobby a favor del sistema automotor en demetrio del ferroviario. El dinero y el poder fueron la madre y los gobiernos el padre de la muerte del mejor sistema de transporte que tiene el mundo: el ferroviario por sus mejores costos en viajes largos, sea de carga y/o pasajeros, por sus menor contaminación, por más rapidez en ciertos tipos de viajes, por las menores vidas perdidas por cuestiones de accidentes y en especial, por la función social que cumplía el FFCC.
Termino este articulo con la función más importante que cumplía el FFCC: la de unir pueblos, de conectar regiones. Tenía una vital función social y de interrelación de diferentes pueblos y parajes. Su muerte condenó al abandono a miles de pueblos del interior de las provincias argentinas que cuando se levantaron las vías sus habitantes tuvieron que irse en busca de nuevos rumbos por falta de trabajo. Porque la ausencia del FFCC se llevó esa luz de esperanza y alegría que invadía a los pueblos cuando el FFCC llegaba a cada estación con víveres, medicamentos, provisiones, combustibles, médicos y maestros para las regiones más distantes. El desmantelamiento del FFCC significó la muerte de muchos pueblos y la condición de “Emigrados” de muchos compatriotas.
Ojalá algún día nuestro país recupere el sistema ferroviario. Para profundizar más el tema, hay varios libros que recomiendo. Los escribió el ferroviario Juan Carlos Cena. Los más conmovedores son “El Ferrocidio” y “El guarda-palabras, memorias de un ferroviario”. Brillante prosa en memoria y reconocimiento al tan querido FFCC.
Buenos Aires, 15 de julio de 2008
Desde los años 60 y 70 comenzó en el país una corriente de fuerte hostigamiento hacia el transporte ferroviario que tuvo su cenit a fines de los años 80 y principios de los 90 con la Ley de Reforma del Estado de 1989 que expresa entre otros temas, la privatización de los trenes, vías y estaciones.
A mediados de los años 80, el entonces Ministro de Obras Públicas de Alfonsin, Rodolfo Terragno había preparado proyectos de privatizaciones que incluía a los ferrocarriles pero en virtud de la posición de debilidad del entonces gobierno radical por los fracasos de los planes Austral y Primavera por un lado, y la rotunda victoria del peronismo en las legislativas de 1987, pospusieron unos años medidas que se harían efectivas con el gobierno de Menem.
El desmantelamiento del sistema ferroviario obedece a varios motivos. Primero, al ingreso de capitales en especial norteamericanos a mediados de los años 60 enfocados a la industria automotriz. Estas inversiones que multiplicaron las plantas productoras de automóviles fueron el germen del hostigamiento que sufrió el FFCC. También la creación de diversas autopistas que en los años 70 prosperaron en Buenos Aires durante el “Proceso de Reorganización Nacional” fueron otros impulsos de asentamiento del Transporte automotor en detrimento del ferroviario.
Luego con la llegada de la democracia política otra vez fue furibundo el desgaste y las críticas que fue recibiendo el transporte ferroviario. Se lo acusaba de ser ineficiente, de tener en pésimo estado el material rodante y las vías, de generar grandes déficit que el estado vía emisión monetaria debía cerrar lo cual generaba más inflación e incrementaba el déficit público consolidado.
De esta manera, se fueron dando las condiciones para que Menem con el respaldo de la mayoría del electorado nacional dispusiera la privatización de los ferrocarriles del estado. El objetivo era mejorar la competencia y dar un servicio mucho mejor al que podía dar el estado, dado que el sector privado iba a traer inversiones que mejorarían la infraestructura y la calidad del servicio. Cosa que no ocurrió porque se paso de un monopolio público a un oligopolio privado quienes no realizaron las inversiones prometidas pero si reciben mes a mes, los subsidios que todos los argentinos les entregamos por los impuestos que pagamos. Actualmente, el estado de la infraestructura y material rodantes está en su piso más bajo. Prácticamente no hay mantenimiento ni inversión de reposición.
Ahora bien ¿Qué paso en realidad? El desmantelamiento del sistema ferroviario fue a beneficio del aumento del transporte automotor. Acaso ninguno se preguntó alguna vez porque hay tanta cantidad de autos en la ciudad de Buenos Aires o en el conurbano. La explosión automotriz de los 90 y que continúa ahora dejó a la ciudad y GBA saturada de autos. No hubo una planificación organizada y todo se incremento en forma exponencial generando un descalabro en tiempo, infraestructura, costos y...vidas humanas.
Las noticias cotidianas de muertes en las rutas argentinas son producto de este fenómeno económico que fue dejarle al transporte automotor el tráfico que antes tenía el ferroviario. Y las consecuencias están a la vista. El sistema ferroviario tenía grandes ventajas en principio sobre el transporte automotor. Primero, en los viajes de carga era mucho más económico el transporte de mercaderías o ganado en pie en FFCC que en camiones. Ahora, las rutas están colapsadas por camioneros que tienen que hacer grandes distancias y quedan extenuados de esos viajes e incrementan el riegos de accidentes (en la mayoría de los accidentes en las rutas, casi todos se deben a causas humanas). El costo de transporte en FFCC era muy inferior al transporte actual vía micro o camiones. Otro factor importante era el referido al medio ambiente. Por lejos, el trasporte FFCC contaminaba mucho menos y afectaba en menor proporción la calidad de vida por medio de emisiones a la atmósfera de ciertos tipos de gases. Y por último, está la cuestión más importante: la pérdida de vidas humanas por el imprudente crecimiento del transporte automotor en las últimas décadas. No es casualidad que el aumento de accidentes fatales fue creciendo en forma inversa al desmantelamiento del sistema ferroviario. El crecimiento de autos y camiones sin planificar bien sus costos y rutas generó que se potencie la probabilidad de accidentes y muertes en las rutas y avenidas de todo el país.
Detrás de todo este sistema, es obvio que hay intereses económicos que presionaron e hicieron lobby a favor del sistema automotor en demetrio del ferroviario. El dinero y el poder fueron la madre y los gobiernos el padre de la muerte del mejor sistema de transporte que tiene el mundo: el ferroviario por sus mejores costos en viajes largos, sea de carga y/o pasajeros, por sus menor contaminación, por más rapidez en ciertos tipos de viajes, por las menores vidas perdidas por cuestiones de accidentes y en especial, por la función social que cumplía el FFCC.
Termino este articulo con la función más importante que cumplía el FFCC: la de unir pueblos, de conectar regiones. Tenía una vital función social y de interrelación de diferentes pueblos y parajes. Su muerte condenó al abandono a miles de pueblos del interior de las provincias argentinas que cuando se levantaron las vías sus habitantes tuvieron que irse en busca de nuevos rumbos por falta de trabajo. Porque la ausencia del FFCC se llevó esa luz de esperanza y alegría que invadía a los pueblos cuando el FFCC llegaba a cada estación con víveres, medicamentos, provisiones, combustibles, médicos y maestros para las regiones más distantes. El desmantelamiento del FFCC significó la muerte de muchos pueblos y la condición de “Emigrados” de muchos compatriotas.
Ojalá algún día nuestro país recupere el sistema ferroviario. Para profundizar más el tema, hay varios libros que recomiendo. Los escribió el ferroviario Juan Carlos Cena. Los más conmovedores son “El Ferrocidio” y “El guarda-palabras, memorias de un ferroviario”. Brillante prosa en memoria y reconocimiento al tan querido FFCC.
Buenos Aires, 15 de julio de 2008
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